La cadera soporta mucha carga en deportes y actividades de todo tipo. En personas activas, una de las causas de dolor en la zona de la ingle es el choque femoroacetabular, también llamado pinzamiento de cadera. Conocerlo ayuda a reconocer los síntomas, a reducir factores de riesgo y a saber cuándo consultar.
Qué es el choque femoroacetabular (pinzamiento de cadera)
La cadera es una articulación en la que la cabeza del fémur encaja en una cavidad de la pelvis llamada acetábulo. En el choque femoroacetabular (CFA), la forma de uno de estos huesos o de ambos provoca que, en ciertos movimientos, choquen entre sí antes de lo normal. Con el tiempo, ese roce repetido puede irritar el labrum (el anillo de cartílago que rodea la cavidad) y el cartílago, y generar dolor y limitación del movimiento.
Tipos: CAM, pincer y mixto
Se distinguen tres tipos, según dónde esté la alteración:
- Tipo CAM: la cabeza del fémur tiene una forma menos redondeada o una prominencia en la unión con el cuello femoral, de modo que roza contra el borde de la cavidad al flexionar la cadera.
- Tipo pincer: el borde del acetábulo cubre en exceso la cabeza del fémur, y se produce un choque al mover la cadera.
- Tipo mixto: combina ambas alteraciones. Es frecuente.
El tipo se identifica con pruebas de imagen y orienta el tratamiento.
Por qué es frecuente en personas activas y deportistas
La alteración en la forma del hueso puede existir sin dar síntomas durante años. Cuando haces actividades que requieren mucha flexión y rotación de cadera (sentadillas profundas, carrera, fútbol, artes marciales, danza), el roce se repite y la molestia puede aparecer. Por eso se detecta con frecuencia en personas físicamente activas, aunque también afecta a quienes no practican deporte.
Tener una forma de cadera que predispone no significa necesariamente que vayas a tener dolor.
Síntomas, causas y diagnóstico
Dolor en la ingle, rigidez y limitación de movimiento
Los síntomas más habituales son:
- Dolor en la ingle, que a veces se extiende al muslo o a la parte lateral de la cadera.
- Molestia al flexionar la cadera, por ejemplo al sentarse mucho tiempo, agacharse, subir escaleras o conducir.
- Rigidez y sensación de que la cadera “se bloquea” o se engancha.
- Chasquidos o sensación de pinzamiento en ciertos movimientos.
- Limitación de la rotación interna o de la flexión de la cadera.
Muchas personas describen el dolor señalando la cadera con la mano en forma de “C” (el llamado signo de la C).
Estos síntomas no son exclusivos del CFA. Otras causas, como lesiones del labrum, tendinopatías, problemas lumbares o dolor en la región púbica, pueden dar molestias parecidas. Por eso es importante una valoración profesional.
Factores de riesgo: morfología, sobrecarga y déficit de movilidad
Entre los factores que pueden favorecer el problema:
- La forma de la cadera, que es el factor anatómico de base y no se puede cambiar con ejercicio.
- Deportes con flexión profunda, rotaciones y cambios de dirección repetidos.
- Sobrecarga: aumentar muy rápido el volumen o la intensidad del entrenamiento.
- Déficit de movilidad de la cadera o de la columna lumbar y la pelvis, que obliga a la cadera a trabajar al límite.
- Debilidad o mal control de la musculatura que estabiliza la cadera.
- Horas prolongadas sentado combinadas con ejercicio intenso.
Cómo se diagnostica: exploración clínica y pruebas de imagen
El diagnóstico combina:
- Historia clínica: qué movimientos duelen y cómo ha evolucionado.
- Exploración física: movilidad de la cadera y pruebas específicas, como las que reproducen el dolor al flexionar y rotar la cadera.
- Pruebas de imagen:
- La radiografía permite ver la forma del fémur y del acetábulo.
- La resonancia magnética, a veces con contraste (artro-RM), ayuda a valorar el labrum y el cartílago.
Un especialista (traumatólogo o médico deportivo) interpreta estas pruebas junto con la exploración. Una imagen alterada no siempre explica el dolor, por lo que el diagnóstico debe basarse en el conjunto.
Cómo prevenir el choque femoroacetabular
Conviene ser realista: no se puede cambiar la forma del hueso con ejercicio, así que no siempre es posible evitar que exista el CFA. Lo que sí se puede es reducir la probabilidad de que dé síntomas y de que se agrave, cuidando la movilidad, la fuerza y la carga.
Movilidad de cadera y columna lumbar
Una cadera y una zona lumbar que se mueven bien reparten mejor el trabajo. Algunas pautas:
- Incluye movilidad de cadera en tu rutina, sin forzar los rangos que provocan pinzamiento.
- Trabaja también la movilidad de la columna lumbar y la pelvis, ya que si estas zonas están rígidas, la cadera compensa.
- Respeta el dolor: estirar o mover hasta que “pincha” no mejora la movilidad.
Fortalecimiento de glúteos y core
Una musculatura fuerte ayuda a estabilizar la cadera y a controlar el movimiento. Conviene trabajar:
- Glúteos (mayor, medio y menor), clave para estabilizar la pelvis y la cadera.
- Musculatura del core, que da estabilidad al tronco.
- Musculatura de los muslos y los aductores, para equilibrar fuerzas.
El fortalecimiento debe ser progresivo y adaptado a tu nivel.
Técnica en sentadilla, carrera y cambios de dirección
La técnica influye en cuánto se comprime la cadera:
- En la sentadilla, ajusta la profundidad, la posición de los pies y la apertura de las rodillas a lo que tu cadera tolera. No todas las personas tienen la misma anatomía, y la misma sentadilla no es adecuada para todos.
- En la carrera, controla la postura de la pelvis y evita aumentos bruscos de volumen.
- En los cambios de dirección, procura un buen control del tronco y de la rodilla.
Un entrenador o fisioterapeuta puede ayudarte a revisar tu técnica.
Ejercicios que conviene modificar si hay molestias
Si notas dolor en la ingle o sensación de pinzamiento, plantéate adaptar estos movimientos:
- Sentadillas muy profundas.
- Elevaciones de rodilla hacia el pecho con mucha flexión de cadera.
- Estiramientos que llevan la cadera a flexión y rotación extremas.
No hace falta eliminarlos para siempre. Basta con reducir el rango, cambiar la variante o ajustar la carga mientras se valora el problema.
Tratamiento: fisioterapia y cuándo se plantea la cirugía
Tratamiento conservador: ejercicio terapéutico y terapia manual
En muchos casos, el primer paso es el tratamiento conservador, es decir, sin cirugía. Suele incluir:
- Educación sobre el problema, para entender qué movimientos conviene evitar o modificar.
- Modificación temporal de la actividad que provoca los síntomas.
- Ejercicio terapéutico, con fortalecimiento de la musculatura de la cadera y el tronco y mejora del control del movimiento.
- Terapia manual, como complemento para aliviar el dolor y mejorar la movilidad.
La mejoría depende de cada caso, y el fisioterapeuta ajusta el plan según tu evolución.
Artroscopia de cadera: indicaciones y vuelta al deporte
Cuando el tratamiento conservador no ofrece buenos resultados y los síntomas siguen limitando la actividad, el especialista puede plantear una artroscopia de cadera. Es una cirugía mínimamente invasiva que permite corregir la zona de choque y reparar el labrum si es necesario.
Tras la operación, la rehabilitación es fundamental. Se avanza por fases: primero se recupera la movilidad y se protege la zona, después se trabaja la fuerza y, por último, se vuelve de forma progresiva al deporte. Los plazos dependen de la intervención realizada y de la evolución de cada persona, y los marca el equipo médico y el fisioterapeuta.